Súcubos en Halloween (Spiles, NR-13)
Súcubos en Halloween
Giles sabe que Spike en Halloween suele llevar su cara de demonio y no se complica más, lo que es muy apropiado de todos modos. Pero esa noche ha aparecido con el maquillaje de El Cuervo y está... verdaderamente encantador. Las ojeras negras de payaso triste y el color blanco de mimo le quedan arrebatadoras en su rostro anguloso, y a Giles le enternece y le da un poco de lástima que ya tenga planes de trabajo para esa noche, que además no se pueden posponer.
De todos modos... se supone que ellos no salen en Halloween.
—Se supone que no sales... no salimos en Halloween—repite, en voz alta. Spike se remueve un poco. Va completamente vestido de negro bajo al abrigo de cuero, lleva una guitarra eléctrica cruzada a la espalda y sostiene una bolsa de papel con una gran calabaza anaranjada pintada en el centro.
—Bueno, ya. No pasa nada, es verdad—dice.
Giles asiente con la cabeza y vuelve al centro del salón, donde termina de repasar los símbolos mágicos que ha trazado en un gran círculo en el suelo. Spike de todos modos no pensaba salir en Halloween, así que no es que se pierda nada. Que casualmente se hubiera maquillado ha sido casualidad. Casual. O sea, no le importa todo eso del Halloween porque además las criaturas malignas como él nunca salen en Halloween, salvo algunas veces por causa justificada.
Así que no pasa nada.
Deja la bolsa de chuches que contiene chocolatinas y una botella de bourbon para el camino y se cruza de brazos.
—Aunque no esperaba encontrarte trabajando—dice.
—Bueno, es una noche cualquiera. O sea.. no lo es—dice Giles—. Quiero decir...
Spike arquea las cejas. Giles agita entre las manos, codiciosamente, un viejo pergamino ajado.
—¡Me ha caído en las manos este increíble pergamino de la familia de los Nyacianos que permite traer un demonio informante del submundo! ¡Justo esta noche en que los limites entre los mundos son más tenues!
—Oh. Vaya.
—O sea, voy a invocar un demonio que me podrá contestar a tres preguntas.
—Pfffff....vale—suspira Spike con aire apático, y se sienta en el sofá, frente al circulo mágico de arena morada—¿Y como es?
Giles se quita las gafas, se las limpia.
—Verás, se trata de una hurí infernal, un demonio súcubo femenino de...—se pone las gafas de nuevo y lee el pergamino—exquisita belleza, abundantes y mórbidas formas y piel de alabastro que se presenta antes sus invocadores ataviada solo con su... esto... perfumada cabellera del color del fuego y realiza sus mas profundos deseos.
—Oh. OH. ¡Joder!—dice Spike, peinándose con los dedos y poniéndose bien la camiseta—Venga, llámala.
—¡Spike!—dice Giles—Yo lo que deseo es preguntarle las tres cuestiones que se supone ha de responder obligatoriamente. Donde se halla el Códice Taumaturgicus Kraandaliano, el fragmento que falta del Conjuro de la Renovación Temporal de Iskandar y un plano de los niveles espirituales-mórficos de los Reinos Infernales del sexto al décimo tercero. Es que nos faltan justo esos.
Spike lo mira, ojos muy grandes.
—¿Pero estás loco?—le pregunta. Giles se cruza de brazos, muy serio. Spike alza los ojos al cielo—Está bien, está bien. Eres un jodido Vigilante.
Giles no le contesta, deja el valioso pergamino cuidadosamente sobre la mesa del salón y coloca las velas, hierbas y piedras rúnicas en sus posiciones. Da una última mirada al conjunto, comprueba los símbolos del círculo mágico, y asiente con la cabeza.
—Bien—susurra—Voy a empezar.
—Te has puesto el pendiente—dice Spike.
—Oh... es pura casualidad—dice Giles.
—No tiene nada que ver con la hurí de mórbidas formas—dice Spike.
—En... absoluto—murmura Giles.
Spike menea la cabeza, alucinado. Luego guarda silencio mientras Giles coge de nuevo el pergamino y comienza a recitar un enrevesado texto en alguna de las lenguas demoníacas. Hay sonidos, oscuridad superpuesta a la penumbra de la habitación, revoloteos y vientos. Y después de eso, una tremenda explosión luminosa que llena la sala de un humo acre y espeso.
Cuando el fogonazo y el humo se disipan, en el círculo se halla un enorme demonio cuyos cuernos caprinos rozan el techo de la sala. Tiene la piel oscura y reluciente como el cuero viejo, abundante vello negro y rizado por todo el cuerpo y patas de cabra terminadas en unos cascos del tamaño de platos soperos. Contrariamente a muchos demonios cuyo sexo es indefinido o al menos no localizable, éste es obviamente masculino y entre sus muslos musculosos y enormes como árboles pende un miembro viril del tamaño de una barra de salami.
—¡DIOS MÍO!—exclama Giles.
—¡JODERRRRRR!—gime Spike, señalando el pene monstruoso con el dedo. El demonio abre sus ojos amarillos y luego sonríe levemente con una terrible hilera de afilados dientes.
—Buenas noches, muchachos—dice mirando a su alrededor, a la sala, a Giles y a Spike, al pergamino y finalmente a sus propias pezuñas, colocadas dentro del círculo mágico requemado.
Spike todavía sigue con la boca abierta, señalando en enorme miembro del demonio con el dedo. Giles le baja el brazo de un manotazo que lo vuelve más o menos a la realidad.
—Dónde... por qué... cómo...—murmura Giles.
—¿Eso son las tres preguntas?—dice el demonio.
—¡NO!—exclama Giles, poniéndose bien las gafas—Pero me... preguntaba (a mí mismo, a mí mismo) cómo es posible que estés aquí cuando he invocado a una... esto.... bella súcubo de... eh... piel alabastrina.
El enorme demonio cruza los inmensos brazos sobre un pecho que sería la envidia de un campeón de culturismo. Incluso de dos juntos.
—Sí, es algo curioso que pasa con esta invocación muchas veces. Habéis llamado a Gadefbagashgal' benvez' loghodfekhh, no a Gadefbagashgal' benvez' log' hodfekhh.
—¿Cómo?—gime Giles.
—Que te has dejado un “ ' “
—Oh... Dios mío.
—Gadefbagashgal' benvez' loghodfekhh soy yo. No creas, es un error común. Muchos solitarios eruditos a lo largo de los siglos lo han cometido.
—Oh—gime Giles.
—Pero esos eruditos... esperarían a la hermosa hurí infernal y complaciente—dice Spike—. O sea... querrían... y en cambio tú...
El demonio dibuja una sonrisa aterradoramente lasciva.
—Sí... tuvieron que aceptar un pequeño cambio de planes—dice, casi babeando. Giles y Spike se miran el uno al otro y tragan saliva a la vez. Finalmente Giles toma aliento, y se encara con el demonio.
—Bueno pues... ¿vas a responderme a las preguntas?—inquiere. El demonio velludo y caprino encoge dos hombros con músculos como balones de rugby.
—No sé... prueba a ver.
—¿Donde se halla el Códice Taumaturgicus Kraandaliano?—pregunta Giles.
—Me gustas—dice el demonio con su voz de bajo. Giles traga saliva.
—¿Cuál es el fragmento que falta en nuestra dimensión del Conjuro de la Renovación Temporal de Iskandar?
—Me ponen tus gafas.
—Oh... my...God—Giles se seca la frente perlada de sudor con el pañuelo, lo guarda en el bolsillo. Haciendo acopio de valor hace la tercera pregunta.
—¿Puedes hacerme un... esto... plano de los niveles de los Reinos Infernales del sexto al décimo tercero?
El demonio se queda un momento pensativo, mesándose la barba espesa y puntiaguda.
—No sé—dice, como para sí.
—¿No sabes si darme el plano?—aventura Giles. El demonio niega con la enorme cabeza.
—No se a cual de los dos voy a sodomizar primero.
Giles y Spike gritan estentóreamente, a la vez. Demostrando nervios de puro acero, Giles se apresura a señalar a los pies del demonio (no así Spike, que vuelve a señalar como catatónico el gigantesco miembro viril del monstruo)
—¡¡Estás atado!! ¡¡No puedes salir del círculo!!—grita Giles, imperiosamente. El demonio arquea las peludas cejas grandes como cornisas.
—¿Estás de broma?—dice, y de una patada borra con la pezuña la mitad del circulo mágico y sale del mismo. Sus pasos retumban por el salón. Antes de que puedan escapar el monstruo libidinoso ya ha agarrado a Giles, al que levanta con una mano que parece un racimo de plátanos de cuero negro.
—Seguro que te va a gustar—dice el monstruo, acercando una larga lengua goteante hacia la cara de Giles. Giles grita y forcejea aterrado aunque sin ningún resultado, porque la fuerza del demonio es inmensa. Spike no está a la vista. Por suerte el vampiro no ha huído sino que ha ido por el bate de béisbol que justo ahora parte en dos contra el enorme cráneo del demonio con toda su fuerza vampírica. El monstruo parpadea un momento, como si hubiera escuchado un ruidito, y luego se desploma sobre el suelo del salón y sobre Giles.
El vigilante emite un quejido ahogado cuando todo el aire se le sale del cuerpo.
Spike mueve con esfuerzo el enorme corpachón del demonio inconsciente y luego ayuda al vigilante a salir de debajo. Entre los dos se apresuran a realizar el conjuro que lo mande a su dimensión.
Giles se incorpora trabajosamente del nuevo círculo mágico, llevándose las manos a las costillas doloridas. En silencio, limpia los símbolos y recoge los ingredientes de la magia. Luego se queda mirando el pergamino de la invocación de bellas huríes súcubos y, con deliberada lentitud, lo parte en mil pedazos que desparrama por el suelo.
Spike lo mira muy callado desde su maquillaje de Cuervo un poco maltrecho. Giles se acerca a él y le pasa los dedos por el pelo rapado a lo punk. Luego se pone la gabardina y coge la bolsa de chucherías del vampiro.
—Maldito Halloween—dice.
—Si—dice Spike. Giles sonríe levemente.
—Vamos a dar una vuelta—susurra.
Spike asiente con la cabeza. Se pone el abrigo, y la guitarra a la espalda. Giles señala el instrumento.
—¿Sabes tocarla?—le pregunta. Spike niega con la cabeza.
—No. O sea... yo... lo que sé tocar es el piano—dice Spike, bajando la mirada como con timidez. Luego se encoge de hombros—. No me iba a poner uno a las costillas. Aunque... nos habría venido bien para tirárselo encima a ese jodido demonio.
Giles ríe por lo bajo.
—Es verdad—susurra.
Salen los dos a la noche, a lo que queda del Halloween hasta el amanecer.
FIN 
banner de delirante, al final para que no sea spoiler
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